MANUEL MARÍA NÚÑEZ BUTRÓN
Manuel María NÚÑEZ BUTRÓN. Nació el
01 de enero del año 1990; en la parcialidad de Jasana. Perteneciente a
Chucaripo. Del Distrito de Samán. Provincia de Azángaro. Fueron sus padres Don
Guillermo Núñez y Doña Rosa Butrón Sanz. Ambos nacidos en Arequipa.
(AUTOBIOGRAFÍA)
1. Samán.
Nací en una de las estancias de la
parcialidad de Jasana, Perteneciente a Chucaripo. Del distrito de Samán,
y por el hecho de que mis padres hablaran castellano, los colindantes me
llamaron “misti”.
Poco después, con motivo de
aprender las primeras letras, pasé a la capital del distrito, y los del pueblo
me miraban como “uno que recién viene de la estancia”, más o menos me daban a
entender que era uno de los indios de la parcialidad. Pasado algún tiempo, por
el hecho de haberme familiarizado a los habitantes de la capital del distrito,
dejaron de considerarme como uno de la estancia y ascendí a la categoría de
“misti”.
Las circunstancias de la vida
estudiantil me condujeron a la capital de una provincia, y como llegara de un
distrito que apenas se conoce en las indicaciones geográficas de un mapa, volví
a sentir la impresión que me llamaran indio al calificarme de “poblano” y eso
después de haber escalado a misti en la capital del distrito. Años van, años
vienen, y los años de la Instrucción Primaria se quedaron para ser reconocidos
mediante certificados. La vida provinciana ya era mía y todos me consideraban
en el rol de “misti”.
2. Puno.
El esfuerzo de mi voluntad me
coloca a formar parte de las filas carolinas en la capital del departamento, y
como es de reglamento el noviciado pagué con el calificativo de “indio
provinciano”. En el curso de los cuatro años de instrucción media me
familiaricé a los antiguos mistis y mis dotes como sportsman, intelectual,
hombre de “pelo en pecho”, de ternito dominguero y de morador por el parque
Pino, el Manto, Huajje, etc., el indio provinciano pudo calificar de la misma
manera a los que recién llegaban como yo hacía ya cuantos años. Llegué a
triunfar en la capital del departamento escalando nuevamente a la categoría de
“misti”.
3. Arequipa.
En ese sube y baja de impresiones,
una mañana del mes de marzo tomé el tren y al llegar a la tierra de Melgar, de
la plaza de armas, de la campiña esmeraldina y del volcán Misti, los
universitarios del G. P. San Agustín me gritaron: “que salga ese indio”, y en
la calle me calificaban de “chuño”. Los paseos por la campiña, los miles de
vueltas por los mosaicos de los históricos portales, la buena jora y las
intrépidas y acaloradas discusiones en los claustros universitarios, me
elevaron nuevamente a confundirme con todos ellos y a olvidar los calificativos
de mi llegada.
4. Lima.
Pero volví a dar un empuje en el
camino de mi vida, recorriendo la línea férrea desde los andes al mar, noté que
hasta el mismo clima me gritaba indio llegando a las tres veces coronada Villa,
por mi andar meditando, mi observación por sus altas construcciones, la humedad
permanente de mis pañuelos y el origen de mi procedencia, sintieron mis oídos
el calificativo de “serrano provinciano indio”. Así, de indio, aprendí los
andares rápidos, la fraseología de ametralladora; posesionado del jirón de la
Unión, frecuentaba el Estrasburgo o el Palais y hasta había aprendido a atender
a mis paisanos recientemente llegados por provecho de alguna finalidad.
5. Europa.
Un impulso mas poderoso en el
derrotero de mi existencia me hizo agitar el pañuelo en señal de despedida, a
los de mi pueblo, a los mistis del Misti,y hasta a los que me dieron el honor
de no llamarme indio por los años que los acompañe a retozar en las orillas del
Rimac.
En esta jornada experimenté las
candentes brisas de Panamá, balanceo de mi cabeza bajo la influencia de la
corriente marina del golfo de México, contemplé los techos donde andan los hombres
junto a las estrellas y donde el humano no es mas que una molécula que se junta
a muchos millones de moléculas para formar una capital de millones de
habitantes. Pasé de un continente a otro continente, de un país a otro país, de
una capital a otra, y en todo mi recorrido iba como chilligua sobre el océano o
como un sankayo dentro de la selva. Oí muchos idiomas y dialectos, contemplé
varios conjuntos de caras donde al mirar mi cara decían que yo era seguramente
de una tierra lejana; me sentí sordomudo y con mi mímica a veces hacía entender
lo que quería manifestar. En todo mi recorrido, al manifestar yo que era el
Perú, con justicia y con razón me llamaron INDIO.
Todos mis esfuerzos desarrollados
durante varios años no me permitieron conseguir un nuevo triunfo, como en mis
escalas anteriores. Por más que llegué a aprender el idioma, al dejar de
hablar, los ojos miraban los rasgos de mi cara y siempre me llamaron indio.
Recién me sentí verdaderamente indio al buscar un consulado donde todos los
indios confraternizábamos recordando la bendita tierra, al exponer la marinera
o el huayño, como bailamos los indios o al hablar el idioma de nuestra
altipampa, como cuando hablamos con nuestra propia conciencia.
Los que no eran indios me hicieron
comprender la grandeza del Imperio de los Incas, la majestuosidad del Cusco, la
riqueza de nuestras minas, la virginidad de nuestros campos, la tierra donde es
muy fácil y donde no queremos trabajar. Solo en España encontré la
espontaneidad de cariño para los Incas, no sé si porque les pertenecemos o
porque nos pertenecen. Encontré allí regiones y costumbres muy parecidas a las
nuestras, que faltaría decir: si vinieron de España al Perú o fueron del Perú a
España.
6. De nuevo en Perú.
Al regresar a nuestras costas, y
después a nuestra sierra, comprobé que efectivamente la mayoría éramos indios,
con diferencia de viveza o paciencia, de casimir o de jerga, de altura sobre el
nivel del mar o de distancia a las capitales. Después de varios años en el Perú
descubrí que la diferencia era más de egoísmo, no sé si de los que quieren
seguir siendo. Mi razón esta por los que sabiendo que son, siguen siendo. Los
que no saben lo que son, son dignos de lástima. Estos son los indios que muchas
veces creen insultar con el calificativo de “indio”, sin saber que el
calificativo es para ellos también.
Para ejemplo, de los muchos que nos
han dado honor a los kollas, solo podríamos citar Chuquicallata; al de los
nevados de Ananea Don Rufino Macedo, al cruceño Don Manuel Quispe, a los
grandes Chuquihuanca, al sargento Pino y tantos más que los recordamos como
indios de la altipampa. Habría que buscar el lindero del mestizaje dentro de la
indiada o de la indiada dentro del mestizaje. Y si a todos nos trasladaran con
la misma ropa a Londres, seguramente que la mayoría regresaríamos de Londres
con el calificativo de indio. Sería la impresión que sienten muchos ricos de mi
pueblo que cuando llegan a Arequipa son casi ricos, y si llegan a París se
convencen que son pobres.
Manuel Núñez Butrón es médico de
profesión, pero por razones históricas es también antropólogo, sociólogo,
educador, periodista, político. Su obra principal, llamado “rijcharismo”, está
desplegado en el campo de la salud pública. Es conocido mundialmente como
pionero de la atención primaria de la Salud. La Organización Mundial de la
Salud ha recogido como uno de sus principios el concepto de Salud planteado por
Núñez Butrón. Núñez Butrón se suma a la larga lista de paradigmas intelectuales
del Perú: Vallejo, Arguedas, Mariategui, Churata, Encinas, Huaman Poma, etc.
Fuente: https://www.facebook.com/saman.peru

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